Parroquia de Sto. Domingo en la iglesia de San Francisco de Paula

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Francisco López Salamanca.

Cronista oficial de Lucena, de la Real Academia de Córdoba

ajo la advocación de Santo Domingo y dado el estado ruinoso del templo dominicano donde se erigió la parroquia, este templo del antiguo convento de la orden   mínima, acoge desde 1981 la titularidad parroquial.

          Su origen histórico procede del voto que realizó la ciudad de edificarle una ermita a San Francisco de Paula a causa de una epidemia de peste que afectó grandemente a Lucena en los años 1679 y 1680, lo que se llevó a efecto con autorización del señor duque de Medinaceli don Francisco de la Cerda, el 24 de junio de 1680, en las casas que para este fin donó don Francisco de las Cuevas en la calle Batanera o del Agua.

        Terminada la edificación de la ermita en 1690, permaneció como oratorio hasta 1696 en que se instalaron en unas casas contiguas, compradas por la ciudad, los religiosos mínimos o victorios, fundando un «hospicio» o convento inicial con licencia del entonces obispo de Córdoba, el cardenal Salazar, y de la señora duquesa de Medinaceli, doña Catalina de Aragón. Según señala don Lucas Rodríguez Lara en sus “Apuntes para una historia de Lucena”, así consta en la escritura de toma de posesión otorgada ante Juan de Aguilar el 7 de mayo de 1696

          En cabildo de 6 de septiembre de 1711, la ciudad a acordó solicitar permiso al duque de Medinaceli para que autorizase la erección de un monasterio lo que, según el historiador lucentino don Jerónimo Roldán, se consiguió en 1612.

          Sin embargo, tanto la situación de la ermita con respecto al edificio del convento como sus reducidas dimensiones, llevaron a la comunidad a labrar un nuevo templo utilizando el solar de la vieja ermita, el de unas casas que habían adquirido y un espacio de calle cedido por la ciudad.

          Como ha publicado el profesor Rivas Carmona en su obra “Arquitectura barroca cordobesa”, en los primeros meses de 1730 se iniciaron las obras tal vez bajo la dirección de fray Juan Rodríguez Ocampo.

         En 17 de septiembre de 1731 ante José Jerónimo de Espinosa, Andrés Antonio del Pino, se comprometía «a hazer una portada en la iglesia nueba que se está fabricando, toda de jaspe encarnado, matizada con jaspes blancos y negros», lo que demuestra la rapidez con que llevaban a cabo las obras.

        En 1733 se terminaba la cobertura de la media naranja y en 1736 se hallaba casi finalizada la capilla mayor a excepción de los blasones que hoy adornan las pechinas de la cúpula y la bóveda de enterramiento a los que se aludía en la escritura de patronato realizada entre la comunidad y el ayuntamiento lucentino el 8 de noviembre de 1732 (5).

           Los trabajos finalizaron hacia 1740 incorporando la vieja y ruinosa ermita a los pies del nuevo templo (6).

           El convento, anejo a la iglesia, pasó a propiedad del municipio tras la exclaustración albergando sucesivamente oficinas del Estado, escuelas, así como, en la segunda mitad del siglo XIX, un colegio de segunda enseñanza con el título de Santa Isabel: Posteriormente, se convirtió en cuartel de la Guardia Civil hasta que trasladada la Benemérita a unas nuevas edificaciones, en los años finales de los años 60 fue enajenado por el ayuntamiento y destinado finalmente a hotel.

 

Arquitectura

e planta rectangular, se compone de una nave con crucero y capillas, comunicadas entre sí a modo de pequeñas naves laterales, abiertas a los brazos del crucero y que tienen acceso a la nave por medio de series de arcos de medio punto de los cuales, cuatro corresponden al lado de la epístola y tres al del evangelio.

         Siete pares de pilastras de orden dórico, adosadas a los paramentos, dan lugar, traspasada una ancha cornisa, muy moldurada, a los arcos fajones de la bóveda de medio cañón con lunetas en algunos de los cuales se abren vanos para proporcionar luz al ámbito. Sobre el crucero se alza la cúpula sobre unas pechinasprofusamente decoradas con yeserías enmarcando los blasones de la ciudad, del titular del señorío de Lucena y de la orden mínima.

         La media naranja, sobre una cornisa carente de roturas y quiebros, ostenta ocho fajas radiales con follajes de yesería, alternados con grupos floralesconvergentes en el anillo de rizado estuco tallado que ciñe la boca del domo o copulín, más abigarrado en su decoración que la propia media naranja.

        Las concordancias estilísticas con la cúpula de la ermita de Dios Padre, casi contemporánea, permite atribuir la factura de estas yeserías a Francisco José Guerrero, a quien se atribuye también el retablo mayor de este templo.

        La capilla del presbiterio, profusamente decorada con pinturas pone una teatral nota de color, a la que no es ajena la iluminación a través de los vanos del crucero, en la sobria desnudez de la nave. A partir del óleo con la Trinidad en la clave de la bóveda, toda una galería de santos, venerables y significados personajes de la orden se muestran en óvalos de pintura entre motivos decorativos geométricos y rocallas quedescienden desde el arco toral a través de las pilastras. Por su estilo, este conjunto pictórico, muy efectista pero de escasa calidad artística, puede situarse en la segunda mitad del siglo XVIII.

       En los pies del templo se halla el amplio corodonde hoy se sitúa el órgano, trasladado desde una tribuna aneja, hoy inexistente. De la sillería únicamente se conserva la silla prioral utilizada como sede en el presbiterio de la iglesia.  

         El aspecto externo de este edificio de ladrillo y mampuesto sobre alto zócalo de sillares, está condicionado por el trazado urbano por el aprovechamiento que se hizo de la fachada de la primitiva ermita del titular, cuyo primer tramo se convirtió en un vestíbulo, escorzado respecto al eje longitudinal de la iglesia, con acceso a la misma por los pies.

         La estructura de esta portada mantiene aún los elementos manieristas en vigor hasta finales del siglo XVII. Sobre un paramento rectangular articulado en dos cuerpos, de sillería y ladrillo, se alza un frontón triangular en cuyo centro, en vez del óculo tradicional de otros templos lucentinos, aparece un escudo en piedra, timbrado con corona y orlado de hojas carnosas, reuniendo el blasón de Lucena y el sol con el lema CHARITAS símbolo de la orden.

        La portada, de piedra, se divide en dos cuerpos: en el primero, flanqueada por pilastras cajeadas con capiteles vegetales, se encuentra la puerta, rematada con medio punto, en tanto que en el segundo se halla una hornacina también entre pilastras que alberga la imagen pétrea de San Francisco de Paula. Se remata el conjunto con un entablamento con pequeño frontón curvo y partido en volutas y se completa con dos ventanas rectangulares, a ambos lados de la hornacina, culminadas con frontones triangulares.

        De fecha posterior es la portada de Nuestra Señora de las Angustias, realizada en 1731 por el cantero lucentino Andrés Antonio del Pino, que enmarca el acceso al templo por el muro del lado del evangelio.

        Su estructura, de dos cuerpos, está elaborada en jaspe rojo, dominando exageradamente, por la notoria diferencia de sus dimensiones, el primero sobre el segundo. La puerta, de medio punto, dentro de un cajeamiento muy plano, está flanqueada por pilastras estriadas sobre pedestales primásticos adosados de orden toscano. En la clave del arco, de mármol blanco, aparece esculpida una maría, y en las enjutas.se muestran sendos querubines de torpe factura.

       El arquitrabe decorado con jaspes embutidos, da paso, tras una cornisa y un frontón partido, al segundo cuerpo constituido por una hornacina avenerada entre pilastras que soportan arquitrabe partido, en cuya rotura aparece el emblema de la orden mínima.

          Ocupa el nicho una imagen en piedra de la titular de esta portada, Nuestra Señora de las Angustias, de poco afortunada labra. Elemento que enlaza las dos portadas de esta iglesia solucionando de una manera muy elegante el problema del enlace de la portada de la vieja ermita y la nueva iglesia, es la airosa espadaña angular. Sus tres cuerpos de ladrillo, elevados sobre un alto zócalo de sillería, quedan marcados verticalmente en cada una de sus dos caras por pares de potentes pilastras adosadas de orden dórico. Un ancho arquitrabe carente de elementos decorativos y una volada cornisa, soportan al segundo cuerpo que, si bien presenta casi idénticas dimensiones que el primero, sus dos huecos para campanas, flanqueadas por pilastras cajeadas, le dan un aire de gran ligereza. La culminación del segundo cuerpo se realiza mediante un frontón partido en cuya cornisa se levanta el tercer cuerpo, con un solo vano, también limitado por pilastras y abierto en el propio ángulo de la espadaña. Remata el cuerpo de campanas un frontón recto y angulado a las dos caras.

             Aunque se carecen de datos concretos sobre fecha de construcción y autoría esta airosa espadaña puede datarse en el último tercio del siglo XVIII.