Los orígenes...

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n la segunda mitad del siglo XVIII, un gremio bien organizado de carpinteros, tanto de obra fina como de obra gruesa, exponente de una entonces pujante artesanía lucentina, se constituyeron en hermandad, para rendir culto a “Nuestro Señor San José”, en la vieja y desaparecida ermita de Nuestra Señora de O, sita desde comienzos del siglo XVI, en el barrio de Calzada, celebrando en honor del santo patriarca espléndidas fiestas, y dotando al titular de un magnífico retablo, tallado y dorado por el escultor y retablista local Pedro de Mena y Gutiérrez.

          Entre 1770 en que el cargo de hermano mayor recayó en Vicente de la Cruz hasta 1860 en que lo ostentaba Juan Mateo de Luque y Hurtado, un sin fin de carpinteros mantuvieron pujantes los cultos en honor del santo carpintero de Nazaret. Lentamente, en el último tercio del siglo XIX debió disolverse la hermandad, del mismo modo que se iba deteriorando la bella ermita dedicada a la Expectación de Nuestra Señora. Más tarde, ya en el pasado siglo, el abandono de la iglesia y la dispersión de sus enseres e imágenes acabaron definitivamente con una memoria que tenía casi siglo y medio de edad. Para atender las necesidades religiosas de las localidades devastadas por la guerra civil varias ermitas lucentinas fueron desmontadas. Así ocurrió con el retablo mayor de la de Nuestra Señora de la O, obra de Francisco José Guerrero, que fue trasladado a Castro del Río, en cuya parroquia se conserva, o con la propia imagen de san José que, al parecer, se encuentra en la iglesia o convento de las salesas de Córdoba. Pese a todo, la devoción a san José se mantuvo viva en Lucena gracias a la presencia de la comunidad de madres carmelitas descalzas y a las instancias de los diferentes párrocos del Carmen, antiguo templo carmelitano advocado al santo.